Gemma miró el horizonte con una sonrisa serena. El sol descendía lentamente, bañando el lugar con destellos anaranjados que poco a poco se iban apagando. Había sido un día particularmente único: cálido y radiante.
—Es un atardecer hermoso, ¿no lo crees? —le preguntó a su bebé, acariciando su vientre. A sus cinco meses ya se le notaba un poco, aunque el vestido de novia hacía parecer más pequeño de lo que realmente era—. Tu papá eligió el día perfecto para casarnos. —Sonrió con complicidad—. No