Gemma levantó la cabeza cuando llamaron a la puerta de su oficina. Su secretaria entró con una expresión que no auguraba nada bueno; de hecho, parecía más bien lista para darle una paliza a alguien.
—¿Qué sucede? —preguntó Gemma.
—La bruja… —Angelina se detuvo para aclararse la garganta—. Quise decir Ginevra. Está en la sala de espera y quiere hablar contigo. Si será una descarada. ¿Acaso no tiene vergüenza? ¿Quieres que le diga que estás ocupada y que se vaya al demonio?
Gemma soltó una carcaj