59.
RAQUEL
Michael se va en busca del auto y el silencio que queda es distinto. Más pesado. Más íntimo. Me quedo sentada en la cama del hospital con la bata arrugada, una mano apoyada en el vientre, sintiendo ese latido doble que todavía me cuesta creer. Mi madre no se mueve de la silla. Me observa como si yo fuera una desconocida.
—Raquel —dice al fin—, dime una cosa con la verdad.
Levanto la mirada. Ya sé qué va a preguntar. Desde que crucé esa puerta esta mañana lo sé.
—¿Estás pensando quedarte