59.
RAQUEL
Michael se va en busca del auto y el silencio que queda es distinto. Más pesado. Más íntimo. Me quedo sentada en la cama del hospital con la bata arrugada, una mano apoyada en el vientre, sintiendo ese latido doble que todavía me cuesta creer. Mi madre no se mueve de la silla. Me observa como si yo fuera una desconocida.
—Raquel —dice al fin—, dime una cosa con la verdad.
Levanto la mirada. Ya sé qué va a preguntar. Desde que crucé esa puerta esta mañana lo sé.
—¿Estás pensando quedarte con él… o sacarle dinero?
La pregunta me golpea más fuerte que la caída. No por el tono, sino porque viene de ella. De mi madre.
—Porque yo no consiento esta relación —continúa—. No después de todo lo que te hizo. No después de la humillación, del escándalo, del embarazo. No voy a permitir que te uses a ti misma ni a mis nietos para atarlo.
Trago saliva. Me duele el pecho, no solo el cuerpo.
—No estoy usando a nadie —respondo despacio—. Y mucho menos a mis hijos.
Ella suspira, cansada.
—Entonce