93.
SARA
La sala de espera se ha convertido en una especie de limbo suspendido en el tiempo. Las luces blancas no cambian, el murmullo lejano de los pasillos continúa como un ruido de fondo constante, pero para nosotras el mundo se ha reducido a esas puertas dobles que conducen al quirófano. Estoy sentada junto a la madre de Raquel, con las manos entrelazadas sobre mis rodillas, sintiendo cómo la tensión se acumula en mi cuello y en mi pecho. No hablamos demasiado. A veces intercambiamos una mirad