58.
SOPHIE
La llamada llega por la tarde, cuando el sol empieza a bajar y la casa está en silencio. Max duerme la siesta y Chris está en el jardín hablando por teléfono. Veo el número de la ciudad en la pantalla y, antes incluso de atender, el estómago se me tensa.
Sé exactamente de qué se trata.
Respiro hondo y acepto la videollamada.
Del otro lado aparece primero una mujer, seria pero correcta, que se presenta y me explica el procedimiento. Declaración online, por mi estado, por mi seguridad. Asiento varias veces sin escuchar del todo, hasta que la pantalla se divide.
Y ahí está.
Roger.
Lo veo y mi cuerpo reacciona antes que mi mente. Se me eriza la piel, el pulso se acelera, la mano se me va sola al vientre como si mi hija pudiera sentir el peligro a través de la pantalla. Está distinto. Más delgado. Ojeroso. Pero cuando levanta la mirada y me encuentra, esa chispa que tanto miedo me dio durante años sigue ahí.
No sonríe esta vez.
Yo tampoco.
Me piden que declare. Mi voz tiembla al pr