92.
MICHAEL
El trayecto al hospital se me hace eterno.
Miro el teléfono una y otra vez, levantándolo hacia la ventana como si eso fuera a invocar señal por pura fuerza de voluntad. De pronto empiezan a entrar notificaciones en cascada cuando dejamos el barrio y la cobertura regresa.
Llamadas perdidas.
Muchas.
De Raquel.
De Sara.
El estómago se me hunde.
—Soy un imbécil… —murmuro, pasando la mano por mi cabello.
Solo quería unas horas de silencio. Un día sin abogados, sin periodistas, sin titulares