41.
SARA
El mar está quieto a esta hora. No completamente inmóvil, pero lo suficiente como para parecer en pausa, como si también estuviera pensando. Estoy sentada en la arena fría, con las piernas dobladas contra el pecho y una manta ligera sobre los hombros. El amanecer empieza a desteñir el cielo, lento, inevitable.
Ha pasado una semana desde que llegamos.
Y todavía quedan dos más.
Tres semanas parecían una buena idea cuando Michael habló de distancia. Ahora se sienten como una eternidad.
Miro el horizonte y pienso que el mar siempre vuelve a la orilla, una y otra vez, sin preguntarse si será bien recibido. Yo no soy así. Yo me quedo. Yo espero. Yo aguanto hasta que algo se rompe por dentro.
Quince años.
La cifra me golpea con más fuerza que cualquier recuerdo puntual. Quince años de matrimonio no se resumen en escenas felices ni en discusiones aisladas. Son hábitos. Rutinas. Silencios compartidos. Una vida construida con la promesa tácita de que el otro no se va.
Y ahora estoy aquí,