41.
SARA
El mar está quieto a esta hora. No completamente inmóvil, pero lo suficiente como para parecer en pausa, como si también estuviera pensando. Estoy sentada en la arena fría, con las piernas dobladas contra el pecho y una manta ligera sobre los hombros. El amanecer empieza a desteñir el cielo, lento, inevitable.
Ha pasado una semana desde que llegamos.
Y todavía quedan dos más.
Tres semanas parecían una buena idea cuando Michael habló de distancia. Ahora se sienten como una eternidad.
Miro