42.
RAQUEL
Estoy ordenando unos expedientes cuando lo siento antes de verlo. Esa presencia que no pertenece al consultorio, que no encaja con el murmullo bajo de las salas de espera ni con el olor a desinfectante. Levanto la vista apenas un segundo y vuelvo a bajarla, intentando concentrarme.
—Qué calor hace hoy, ¿no? —dice una voz masculina, demasiado informal para ese lugar.
Asiento por reflejo, sin mirarlo.
—Sí… bastante.
Sigo escribiendo. No tengo ganas de conversar. No tengo ganas de nada que no sea terminar la jornada y volver a casa. Él no se va. Se apoya contra el mostrador como si tuviera todo el tiempo del mundo.
—Dicen que mañana baja la temperatura —continúa—. Aunque con este clima uno ya no sabe.
Respiro hondo. Levanto la vista ahora sí. Es un hombre de traje, bien peinado, sonrisa ensayada. No parece un paciente. No parece alguien que esté ahí por casualidad.
—¿Necesita algo del consultorio? —pregunto, profesional, distante.
Sonríe un poco más. Esa sonrisa que no llega a lo