38.
RAQUEL
Abro la puerta todavía en pijama, con el cabello recogido sin cuidado y el cansancio adherido al cuerpo. No necesito mirar para saber que es ella. Mi madre siempre toca dos veces, con la misma cadencia de siempre, como si el mundo aún fuera un lugar predecible.
—Mamá…
Apenas me ve, frunce el ceño. Su mirada baja de mi rostro a mi vientre y vuelve a subir, atenta, inquieta. Entra sin esperar invitación, deja el bolso sobre la mesa y recorre el departamento con esos ojos que no dejan pasa