39.
MICHAEL
Estoy en el vestidor doblando camisas cuando escucho sus pasos. No necesito girarme para saber que es Sara. Su presencia siempre llega antes que su voz, como una presión en el aire, como una advertencia.
—¿Qué haces? —pregunta desde la puerta.
Sigo acomodando la ropa dentro de la maleta abierta sobre la cama. El cierre aún no está corrido. Nada está realmente cerrado últimamente.
—Preparando las maletas —respondo.
El silencio que sigue es espeso. La imagino observando cada movimiento, cada prenda, buscando una respuesta que todavía no se atreve a escuchar.
—¿A dónde vas? —dice al fin—. ¿Vas a verla?
Me detengo. Solo un segundo. Respiro hondo antes de girarme.
Sara está apoyada contra el marco de la puerta, los brazos cruzados, los ojos tensos. Hay algo frágil en su postura, pero también algo acusador. Como si ya supiera la respuesta y aun así necesitara oírla para poder sobrevivirla.
—No —digo con firmeza—. No voy con Raquel.
Veo cómo sus hombros se tensan todavía más.
—Enton