37.
RAQUEL
Me despierto antes de que suene el despertador.
La luz de la mañana entra tímida por la ventana y por un instante no recuerdo por qué me duele el pecho. Luego me muevo, apoyo una mano sobre el abdomen y todo vuelve de golpe, pesado, inevitable.
Camino hasta el baño en silencio. El departamento todavía está frío, demasiado grande para mí sola. Enciendo la luz y me quedo quieta frente al espejo.
Mi vientre ya no es el de antes.
No es exagerado, no todavía, pero es evidente. Redondo. Presente. Real. Me paso los dedos con cuidado, como si al tocarlo pudiera lastimarlo, como si fuera algo frágil que todavía no termino de aceptar del todo.
—Hola… —murmuro, sin saber bien si me hablo a mí o a quien crece dentro.
Me inclino un poco hacia adelante, observándome de perfil. Pienso, sin quererlo, en Michael. En cómo habría reaccionado al verlo. En la forma en que habría sonreído primero, incrédulo, y después se habría acercado para tocarme como si ese vientre fuera un milagro que no se at