37.
RAQUEL
Me despierto antes de que suene el despertador.
La luz de la mañana entra tímida por la ventana y por un instante no recuerdo por qué me duele el pecho. Luego me muevo, apoyo una mano sobre el abdomen y todo vuelve de golpe, pesado, inevitable.
Camino hasta el baño en silencio. El departamento todavía está frío, demasiado grande para mí sola. Enciendo la luz y me quedo quieta frente al espejo.
Mi vientre ya no es el de antes.
No es exagerado, no todavía, pero es evidente. Redondo. Prese