Ese aire extraño de aquella mañana, como si el oxígeno se hubiera vuelto más pesado. Me costó horrores levantarme de la cama; el efecto residual de la droga me había dejado una debilidad en los huesos y una jaqueca intermitente. Sin embargo, no podía permitirme el lujo de la debilidad. En este bufete, si sangras, los tiburones aparecen.
Mientras me preparaba, me miré al espejo. Mis mejillas se encendieron de inmediato al recordar los fragmentos de la noche anterior. Recordé mis manos buscando e