El trayecto hacia el apartamento de mi hermana fue una neblina de sensaciones punzantes y la voz constante de Sebastián tratando de mantenerme anclada a la realidad. El fármaco que compró en la farmacia empezó a hacer efecto lentamente, apagando el incendio en mi sangre para dejar un rastro de fatiga extrema y una vergüenza que me quemaba más que cualquier droga.
Cuando el auto se detuvo, Jimena ya estaba en la puerta del edificio. Sebastián la había llamado por el camino desde mi teléfono. Ell