Dos Alfas protectores.
Zendaya yacía entre ellos, con el cabello extendido sobre la almohada y la piel aún temblorosa por la intensidad del momento. Afuera, el cielo comenzaba a teñirse de tonos naranjas y rosados, anunciando el amanecer. Dentro de la habitación, la atmósfera era cálida y tranquila, perfumada con el dulzor del helado de pistacho y el aroma de sus cuerpos entrelazados.
Jean acariciaba su vientre con una devoción muda, mientras Leonard la miraba como si fuera el único milagro que había presenciado en t