Dolor puro frente a la tumba

La fiesta terminó tarde de la noche.

Los invitados se fueron retirando poco a poco, como una marea que retrocede, dejando tras de sí un silencio suave. Las luces del salón se atenuaron y, uno a uno, los invitados comenzaron a despedirse con sonrisas amables, besos y buenos deseos para los trillizos.

Zendaya, agotada, agradecía uno por uno, mientras Jean sostenía a uno de los bebés dormidos contra su pecho y Leonard organizaba los regalos con la eficacia de quien controla cada detalle sin perder la ternura.

Nikolai fue el último en irse. Antes de hacerlo, se inclinó para tomar la mano de su hija.

—Gracias por dejarme estar aquí —dijo con una voz baja, pero firme—. Fue… más de lo que merecía.

Zendaya asintió, sonriendo suavemente.

—Hasta pronto, señor Nikolai.

Él quiso responder, pero la emoción se le quedó atrapada en la garganta. Solo acarició su mejilla y se marchó despacio, bajo los flashes que aún lo seguían a la distancia.

Ya en el apartamento una hora después, reinaba una calma t
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