Dolor puro frente a la tumba

La fiesta terminó tarde de la noche.

Los invitados se fueron retirando poco a poco, como una marea que retrocede, dejando tras de sí un silencio suave. Las luces del salón se atenuaron y, uno a uno, los invitados comenzaron a despedirse con sonrisas amables, besos y buenos deseos para los trillizos.

Zendaya, agotada, agradecía uno por uno, mientras Jean sostenía a uno de los bebés dormidos contra su pecho y Leonard organizaba los regalos con la eficacia de quien controla cada detalle sin perder
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