El murmullo volvió poco a poco al salón cuando Nikolai, con gesto cansado pero digno, se inclinó ligeramente hacia Zendaya.
Su voz, antes imponente y resonante, se volvió casi un susurro:
—No quiero incomodarte, hija. Solo vine a verte. He pasado demasiado tiempo buscándote, y… —hizo una pausa, la mirada fija en los cochecitos— no sabía si alguna vez tendría esta oportunidad.
Zendaya lo observó en silencio.
Su mente iba a mil.
Lo recordaba vagamente: una figura alta, un perfume a madera y tabac