El ambiente dentro de la casa era cálido y perfumado a vainilla y pistacho. Zendaya dejó la bolsa con el helado sobre la mesa de la cocina mientras Jean y Leonard cerraban la puerta detrás de ella. El silencio se hizo cómplice del deseo contenido en los últimos días.
—¿Dónde vas tan rápido, dulzura? —dijo Leonard con una sonrisa ladeada, sus ojos resplandeciendo con un brillo muy tierno.
—Ese helado… me lo estaba antojando desde hace semanas —rió Zendaya, girando para abrir la tapa del envase.