El instinto lobuno de ellos se desató. Jean gruñó suavemente contra su piel, sus orejas y colmillos se manifestaron, al igual que la cola que apenas se movía de un lado a otro. Leo, también transformado, la miraba con esos ojos brillantes que solo mostraba cuando su alfa interior dominaba.
—Eres nuestra —dijo Jean con voz ronca.
—Siempre nuestra —añadió Leo.
Zendaya se rindió, se manifesto con sus colmillos y sus orejitas puntiagudas, dejándose guiar por sus besos, sus manos, sus cuerpos que se