Los nuevos síntomas mágicos comenzaron a manifestarse en Hespéride de un modo más evidente conforme avanzaba su embarazo. Su vientre, aun sin ser muy grande, irradiaba un brillo tenue que aparecía al amanecer y se intensificaba durante el crepúsculo. Era como si la luz del día reaccionara ante la presencia de aquella nueva vida que llevaba dentro. Las brujas mayores aseguraban que eso no era común, ni siquiera entre los linajes más antiguos; hablaban en voz baja, intercambiando miradas de caute