Las hierbas altas se mecían con un murmullo áspero bajo el soplo cambiante del viento cuando los once niños avanzaron hasta internarse en la espesura. Delante de todos marchaban Asterope, Érika y Crisótemis, confiadas en su rumbo, impulsadas por esa mezcla de herencia, instinto y orgullo que las distinguía entre los demás. Detrás iban los cinco hijos de Hespéride y Horus, atentos a cada sombra entre los troncos, mientras que Atlas, Excelso e Hiantes cerraban el grupo, siempre un paso más aparta