Capítulo 248 La teoría

Los druidas llegaron al palacio con capas que olían a pergamino y a humo de paja. Se acomodaron en la Sala del Tiempo con gestos medidos, con ojos que repasaban el pergamino de Horus como si buscaran una fisura que demostrara una fantasía infantil. Sus manos tocaron los trazos, sus dedos recorrieron símbolos, y sus respiraciones se volvieron un protocolo. Los druidas trajeron bastones con nudos en la madera; las brujas consultaron runas; los maestros de la Universidad del Río presentaron instrumentos de medición que no se usaban desde la era de los ancestros. Todo el reino observó con cuidado esa asamblea de cabezas eruditas. Se pidió calma, se abrió espacio en las mesas, se trazaron líneas en el suelo para experimentos controlados. El pergamino de Horus quedó en el centro como un mapa de promesas.

—Lo mediremos por fases —dijo el maestro Arvel, levantando la voz sin alzarla—. Marcamos puntos en el tiempo, probamos anclas con energía mínima. Verificaremos efecto y recuperación.

Hespér
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