La mañana siguiente a la comida comenzó con un aire denso que recorría los pasillos del palacio. Los consejeros percibían algo distinto desde hacía semanas, un movimiento silencioso entre los once niños, una separación que no encajaba con la visión que Horus y Hespéride habían establecido para el linaje. Aun así, nadie se atrevía a mencionarlo sin pruebas claras; bastaba una mirada de la reina para recordarles que los asuntos de la familia Khronos eran terrenos delicados, protegidos por la trad