En la pradera, el aire se sentía limpio, como si las montañas que rodeaban la ciudadela hubiesen apartado para ellos un espacio fuera del tiempo. Las estrellas destellaban con intensidad en el cielo, y la hierba alta ondeaba suavemente bajo la caricia del viento nocturno. Todo el mundo parecía detenido, reducido al latido de sus corazones y las risas suaves de sus hijas.
Horus y Hespéride habían traído un pequeño festín, dispuesto sobre un mantel oscuro que contrastaba con la hierba. Había frut