No supe cuánto tiempo había pasado desde que Kael me había sacado de aquella casa. Todo era un torbellino: los disparos, el rostro desfigurado por la furia de Dorian, la confusión, el miedo. Ahora solo quedaba el silencio… un silencio tan profundo que dolía.
Desperté en una cama amplia, cubierta con sábanas blancas que olían a lavanda. Afuera, el murmullo del mar se colaba por la ventana. El sonido de las olas chocando contra las rocas me resultaba extrañamente familiar. No sabía por qué, pero