Kael
No creí que existiera algo capaz de quebrarme más de lo que ya estaba.
Había vivido dos años con la muerte caminando a mi lado, bebiendo con ella, durmiendo con ella. Dos años en los que me repetí, como un rezo vacío, que Danae ya no respiraba, que su voz se había apagado, que la mujer que amaba se había convertido en cenizas que arrojé al viento con mis propias manos.
Pero esa noche, en esa isla maldita, todo se rompió.
La vi.
La vi viva.
No era un espejismo. No era un fantasma.
Era ella,