Kael
La mañana había comenzado tranquila, demasiado tranquila para mi gusto. Danae me había despertado con el aroma de su cabello enredado entre mis dedos, y los niños habían corrido por la casa como un par de cachorros juguetones, llenándola de risas y caos, luego Lana los llevó a la escuela junto a mis hombres de confianza. Esa calma era lo más peligroso en mi mundo: un silencio antes de la tormenta.
Sabía que no podía confiar en esa paz. Anya estaba suelta, los albaneses se movían como ratas