Kael
La música seguía sonando en el salón, violines y saxofones entrelazados en una melodía elegante que se suponía debía envolver la noche con armonía. Pero cuando Danae regresó a la mesa, su rostro desmentía todo el glamour del lugar. Sus labios estaban tensos, sus ojos ardían con un fuego que conocía demasiado bien: furia contenida, el mismo brillo que aparecía en mis enemigos antes de apretar un gatillo.
Me puse de pie antes de que pudiera sentarse. No necesitaba preguntar qué había pasado