Capítulo 72

El aire me faltaba. Apenas podía respirar mientras conducía a toda velocidad hacia la casa de Kael. Mis manos temblaban sobre el volante, y el corazón me golpeaba con tanta fuerza que pensé que se me iba a salir del pecho.

No podía dejar de ver la imagen. El rostro de Anya.

Sentada en la sala de la abuela, con esa sonrisa serena, como si el tiempo nunca hubiera pasado. Como si la muerte no se la hubiese llevado. Como si las pesadillas que me atormentaron durante cuatro años no fueran más que un
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