Kael
El despacho estaba en silencio, pero dentro de mí rugía una tormenta. Había pasado noches sin dormir desde la gala. No por Danae —o no solo por ella—, sino por lo que había descubierto en esos días: el peligro se estaba acercando demasiado, rozando los bordes de la vida que ahora me importaba más que todo lo demás.
Me levanté de la silla, caminando hasta el ventanal. Desde allí, la ciudad parecía arder en luces, indiferente a las guerras subterráneas que la alimentaban. Apreté el cristal c