Kael
La noche había caído sobre la ciudad, pero mi despacho seguía encendido como si fuera de día. Nunca me permitía descansar cuando sabía que había sombras acechando. Desde el momento en que descubrí que Sofía y Lucas eran mis hijos, todo cambió. La vida que antes estaba marcada por negocios, traiciones y guerras silenciosas ahora tenía un centro inamovible: ellos. Nadie iba a ponerles una mano encima. Nadie.
Me encontraba de pie frente al ventanal, mirando el reflejo de las luces de la ciuda