Danae
El sonido de los pasos de Kael resonó en el pasillo antes de que la puerta se abriera. Sofía y Lucas estaban todavía en pijama, jugando en la alfombra de la sala con los bloques de colores. Apenas lo vieron, corrieron hacia él como si lo hubieran estado esperando toda la noche.
—¡Papi! —gritaron a dúo, y el eco de esa palabra me atravesó el pecho.
Kael se agachó de inmediato, abriendo los brazos. Sus hijos se lanzaron sobre él, envolviéndolo con abrazos y risas. La escena era tan nat