Capítulo 62

La risa de Sofía llenaba el coche como una melodía desconocida para mí, una que jamás había pensado escuchar, mucho menos disfrutar. Lucas pateaba el asiento con impaciencia, preguntando a cada minuto cuánto faltaba para llegar al parque. Yo respondía con paciencia —paciencia que jamás había tenido con nadie—, y era entonces cuando me golpeaba la verdad: esos niños, con sus ojos brillantes y sus sonrisas desdentadas, eran míos. Carne de mi carne, sangre de mi sangre.

Pero mientras sus voces du
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