El murmullo de voces, el tintinear de copas y el movimiento constante de camareros iban llenando el salón del hotel. Yo caminaba entre las mesas con mi libreta en mano, revisando cada detalle del montaje. Era uno de los eventos más importantes que nuestra empresa había conseguido en el año: una gala de beneficencia patrocinada por la Valdivia Corporation, y todo debía salir perfecto.
—Danae, ¿quieres que coloquemos unas flores adicionales en el escenario? —preguntó una de las decoradoras.
—Sí,