Kael
El salón brillaba bajo las luces de araña. Había asistido a decenas de galas en mi vida, pero esa tenía un aire distinto. No solo por la magnitud del evento, sino por la impecable organización que se notaba en cada detalle.
Los Montenegro no acostumbrábamos dejarnos impresionar fácilmente, pero debo admitir que aquella noche me sorprendió. El trabajo era minucioso, casi obsesivo… como si la persona detrás de cada arreglo hubiera puesto algo más que simple esfuerzo. Había puesto el alma.
Aj