Danae
El coche se detuvo suavemente frente al imponente salón de eventos. Mi corazón latía más rápido de lo normal, no porque no estuviera acostumbrada a la magnitud de ese tipo de trabajos —al contrario, cuatro años en este mundo me habían curtido—, sino porque aquella gala representaba un escalón más hacia la cima que Lana y yo habíamos trabajado con tanto empeño.
El reflejo en la ventanilla me devolvió la imagen de una mujer distinta a la que había llegado a esta ciudad cuatro años atrás: má