Danae
El amanecer apenas se insinuaba en el horizonte cuando Lana y yo subimos al tren. No recuerdo haber dormido nada la noche anterior; mi mente había estado girando como un torbellino interminable, repitiendo las mismas imágenes una y otra vez: la foto de Kael y Anya besándose, su voz quebrada cuando intentó explicarme lo que había sucedido, la sensación de que mi mundo se desmoronaba por segunda vez.
El vagón estaba casi vacío, pero aun así me sentía asfixiada. El corazón me latía con fuerz