Kael
No recuerdo haber dormido. Quizás cerré los ojos un par de horas, pero mi mente nunca descansó.
Cada vez que parpadeaba, veía su rostro: Danae, con miedo, con lágrimas, llamándome.
Y cada vez que lo veía, la rabia me sacudía como un latigazo.
Estaba en la sala de control, rodeado de pantallas y mapas abiertos sobre la mesa. Mis hombres se movían como sombras, trayendo informes, descargando imágenes de cámaras, rastreando matrículas. El humo de los cigarrillos se acumulaba en el aire, mezcl