Danae
El aire huele a humedad… y a algo más.
Es un olor rancio, de paredes que llevan años sin ver la luz del sol, mezclado con ese polvo viejo que se pega en la garganta como arena.
La habitación es pequeña, tanto que si me estiro puedo tocar la puerta con la punta de los pies y la pared contraria con las manos. La cama es apenas una estructura metálica oxidada con un colchón hundido en el centro, tan delgado que siento cada barra en la espalda. No hay sábanas. Solo una manta áspera, que huele