Danae
La casa estaba envuelta en un silencio profundo, apenas roto por el suave murmullo del viento que se colaba entre las ramas del jardín. Habíamos logrado que los niños se durmieran temprano; Sofía se había acurrucado entre sus muñecos, y Lucas había caído rendido después de que Kael le leyera una historia. A pesar de todo lo que habíamos pasado, esa pequeña rutina nocturna se había vuelto el centro de mi mundo, el único momento donde la paz parecía posible.
Apagué la luz de la habitación d