Kael
El olor a metal quemado y lluvia se mezclaba en el aire. Era la madrugada, y yo no podía dormir. Desde que Danae había recuperado la memoria, algo dentro de mí se mantenía alerta. Era como si el universo me estuviera recordando que la calma nunca es gratuita, que siempre hay un precio por la felicidad.
Y cuando Matteo entró en mi oficina sin tocar la puerta, lo supe.
—Tenemos un problema —dijo con voz grave, el rostro endurecido—. Uno de nuestros contactos en el puerto desapareció. Los hom