Danae
El sol caía lentamente detrás de los muros del jardín, tiñendo el cielo con tonos dorados y naranjas. Desde la ventana de la cocina, podía ver cómo la luz bañaba las flores que Kael había mandado plantar hacía unas semanas, porque “a los niños les gustaban los colores”, decía él, pero en realidad lo había hecho por mí. Lo supe cuando lo sorprendí observándolas una mañana, con una sonrisa que hablaba más que cualquier palabra.
Sofía y Lucas reían en el césped, jugando con un balón, mientra