Danae
El sonido del mar era lo único que lograba calmarme. Desde la terraza de la casa en la isla, el viento traía el aroma salado y la voz suave de las olas chocando contra las rocas. Habían pasado apenas dos días desde que Kael me había sacado de aquella casa… de las manos de Dorian, y todavía me costaba creerlo.
Cada vez que cerraba los ojos, veía su rostro: el de Dorian, transformado en algo que no reconocía. Las palabras de Kael resonaban en mi cabeza una y otra vez. “No soy tu enemigo, Da