No se arrepentía en ningún sentido, y esperaba que Hana tampoco.
Adrien nunca se había considerado alguien afortunado hasta ese día. Hana era la persona más dulce que había conocido en sus años de vida, una Omega valiente, fuerte y preciosa. Sus imperfecciones sólo la hacían lucir más única, viéndose sumamente encantadora por más que se quejara de todo lo que a ella no le gustaba de si misma.
El Alfa le restaba importancia al hecho de que Hana no pudiera darle descendencia; no le molestaba tene