CUIDANDO AL ALFA EQUIVOCADO

CUIDANDO AL ALFA EQUIVOCADOES

Hombre lobo
Última atualização: 2026-05-26
D. Winter  Atualizado agora
goodnovel18goodnovel
0
Avaliações insuficientes
5Capítulos
10leituras
Ler
Adicionado
Resumo
Índice

Sinopsis "Nunca debí traerlo a mi cabaña. Herido. Salvaje. Hermoso."​ Pensé que solo era un lobo moribundo en medio de la tormenta de Alaska... hasta que una noche, se convirtió en un hombre desnudo en mi sala.​ Él no recuerda su nombre, pero su cuerpo y sus instintos posesivos reconocen el mío. Ahora vive bajo mi techo, me observa como si ya le perteneciera y me protege de la forma más feroz. Cada mirada es una advertencia; cada roce, una caída inevitable.​Hasta que descubro la impactante verdad: no es un extraño. Es el Alfa Supremo desaparecido que toda la ciudad busca... y yo lo he estado escondiendo y amando en secreto.​El hombre que salvé no vino a quedarse. Vino a reclamar lo que es suyo, sin saber que una brutal traición familiar está a punto de separarnos...

Ler mais

Capítulo 1

capítulo 1

Capítulo 1

​El viento no solo sopla esta noche; aúlla. Es un sonido gutural que golpea con saña las paredes de madera de mi pequeña cabaña, una estructura que, aunque suele ser mi refugio y el lugar donde el susurro de los pinos me arrulla, hoy se siente frágil, casi indefensa. Hay algo en la frecuencia de ese silbido que no es normal; se siente como una advertencia, un presagio oscuro que viaja desde las cumbres más altas. El invierno en estas montañas no conoce la piedad, es un juez severo que no acepta súplicas, y lamentablemente, mi cuenta bancaria comparte esa misma frialdad implacable.

​Me quedo de pie en la cocina, con la mirada fija en los recibos de la renta que descansan sobre la mesa de madera desgastada. Son papeles fríos, sentencias de muerte para mi estabilidad. Tras haber sido despedida de la cafetería del pueblo hace apenas dos días, ese montón de billetes arrugados que guardo en el cajón es lo último que me queda. No voy a llorar. Me lo prohíbo. Porque si empiezo, no sé si voy a poder detenerme..  y ahora mismo no puedo permitirme romperme.

​—Mañana será otro día, Cassandra —me susurro a mí misma, mi voz apenas un hilo que se pierde en la estancia vacía. Aprieto con fuerza mi vieja bata de lana, buscando un calor que parece escaparse por las rendijas de las ventanas—. Mañana buscarás algo. Mañana no tendrás miedo. Encontrarás la forma de seguir adelante, como siempre lo haces.

​Justo cuando extiendo la mano para apagar la luz de la cocina y sumergirme en la seguridad de las sombras de mi habitación, un sonido diferente al viento corta el aire. No es el crujir de una rama ni el silbido del aire entre las rocas. Es un lamento.

​Me detengo en seco. Mi corazón da un vuelco violento contra mis costillas, paralizándome. Entonces, vuelve a suceder: un crujido ronco, profundo, cargado de una agonía tan densa que me hiela la sangre mucho más que el aire filtrado bajo la puerta. Viene de la parte trasera, allí donde el pequeño claro de mi jardín se rinde ante la oscuridad impenetrable y voraz del bosque nacional.

​Mi instinto de supervivencia, ese que suele ser bastante ruidoso, empieza a gritarme. «Date la vuelta, Cassandra. Camina hacia tu cuarto, cierra la puerta con doble seguro, métete bajo las mantas y no salgas hasta que salga el sol». Pero hay algo en ese sonido, una vulnerabilidad casi humana, que tira de mis pies en la dirección opuesta. Con manos temblorosas que apenas pueden sostener el plástico frío, tomo la linterna de la mesita auxiliar. Algo dentro de mí susurra que abrir esa puerta es un error. Que hay cosas ahí fuera que no deberían ser encontradas.

Aun así… giro el pomo de la puerta trasera y la abro

​La luz del porche está encendida, pero su resplandor es débil, apenas capaz de reclamar unos pocos metros al patio antes de ser devorado por la negrura. Al salir, la nieve me golpea el rostro como mil agujas de cristal. La ventisca es feroz. Apunto el haz de la linterna hacia el exterior; la luz baila errática sobre el manto blanco, revelando la danza frenética de los copos, hasta que se detiene en algo que no encaja en el paisaje.

​«No deberías estar aquí afuera, Cassandra. Esta es la cosa más estúpida que has hecho en tu vida. Da media vuelta ahora mismo». Eso es lo que haría una mujer sensata, alguien con un gramo de lógica en la cabeza. Pero, como ya he aceptado que la sensatez no es mi mayor virtud, continúo dando pasos hacia adelante.

​Al principio, lo que veo parece una roca deforme, cubierta de barro y detritos del bosque. Sin embargo, cuando el haz de luz se estabiliza, noto un movimiento rítmico. Un costado sube y baja con una dificultad agónica. Es un ser vivo.

Pero no se siente como uno. Hay algo en su presencia… algo pesado, incómodo, que me eriza la piel sin saber exactamente por qué.

Por la forma, es obvio que se trata de un animal, pero la verdadera pregunta que me hiela el alma es: ¿qué clase de animal es lo suficientemente grande como para parecer una roca?

​Hundiéndome hasta las rodillas en la nieve, ignorando cómo mis pies se entumecen al instante perdiendo toda sensibilidad, me acerco.

​—¿Hola? —Mi voz se quiebra, perdiéndose en el rugido del bosque.

​Cuando estoy a escasos metros, la realidad me golpea. No es una roca, ni tampoco un oso o un depredador de los que suelen acechar estas cumbres. Es un perro. O al menos, tiene la forma de uno, aunque sus dimensiones son irreales. Es de un blanco inmaculado, o lo sería si no estuviera empapado de barro y de un líquido rojo tan oscuro que parece negro bajo la luz artificial de mi linterna. Es una bestia enorme, majestuosa y, a pesar de su estado, aterradora. Yace de costado, y la nieve a su alrededor ya no es blanca; es un lago carmesí que se extiende rápidamente.

​—Oh, Dios mío… cosita, ¿qué te ha pasado? —El aliento se me escapa en una nube de vapor que se disipa al instante.

​Me acerco más, y el olor me golpea como un puñetazo: hierro, tierra húmeda y la inconfundible fragancia de la muerte cercana. Al ver la herida de cerca, mi estómago da un vuelco violento. Es un tajo diagonal, profundo y limpio, que recorre desde su hombro hasta el pecho. Es como si un cuchillo gigante o una garra de pesadilla hubiera intentado partirlo a la mitad. La carne está abierta de par en par, exponiendo el tejido vivo que palpita con una debilidad que me desgarra el corazón.

​Siento una oleada de náuseas. Siempre he tenido una aversión insoportable a la sangre; un simple corte con un cuchillo de cocina me pone pálida y me hace sentar para no desmayarme. Ahora, ver esta magnitud de carnicería en este pobre animal hace que el mundo comience a dar vueltas.

​«Vete, Cassandra. Entra y cierra la puerta. Va a morir de todos modos, no hay nada que puedas hacer por él», sisea mi subconsciente. ¿He mencionado que mi voz interior puede ser una perra sin pizca de humanidad? Muchas veces le he hecho caso para evitarme problemas, y hoy, por un segundo, estoy a punto de obedecerla.

​Pero justo cuando mis botas comienzan a girar para huir... el perro abre un ojo.

Mais
Próximo Capítulo
Baixar

Último capítulo

Mais Capítulos

Você também vai gostar de

Novos lançamentos de romances

Último capítulo

Não há comentários
5 chapters
capítulo 1
capítulo 2
capítulo 3
capítulo 4
capítulo 5
Explore e leia boas novelas gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de boas novelas no aplicativo BueNovela. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no aplicativo
Digitalize o código para ler no App