A su vez, los padres adoptivos de Hana cuidaron de ella con dedicación y cariño, sin importar que no fuese su hija biológica. Para ellos, Hana era parte de la familia, y siempre se le trató como tal. Quienes dejaron a la niña con ellos sólo le revelaron sus nombres, su jerarquía y sus razones a Helena Powell, exceptuando la jerarquía a la que Hana pertenecía. Con el tiempo, sintieron un muy débil aroma dulzón en la pequeña, aroma por el cual asumieron que se trataba de una Omega.
Por años, los