Adrien se tomó unos largos segundos para mirarle, buscando algún signo que posiblemente le demostrase que Hana bromeaba. Aquella noche no era mala o buena en sí, todo era cuestión de la percepción que tuviera un individuo sobre ella. Con una mirada cansina sonrió leve y acarició los cabellos de Hana, logrando relajar esa expresión de temor plasmada en el rostro de la Omega gracias a un miedo que Adrien aún no entendía.
La noche de la Luna Roja era un instante en el que los lobos, la parte que e