La Omega se mantuvo callada, quieta, sin saber qué decir. Planteó las posibles situaciones a los que se sometería; necesitó tanto tiempo para percatarse de la horrible persona que era Jackson tras esa máscara de Alfa ejemplar y amoroso. Quería irse, escapar y no ser más el juguete de Bell, asegurarse que después de largarse, no volvería a verlo una vez más.
No obstante, si aceptaba los maltratos que había sufrido temía que la harían pagar por hablar. Recibiría la golpiza de su vida sólo por del