Debía huir, sabía en los problemas que se había metido y conocía la gran infinidad de castigos existentes que utilizaba el Alto Mando para condenar a los que desobedecían las reglas.
No fue nada grato ver como Camila le delataba, esa estúpida Omega no le había obedecido a él, su Alfa. La mordida entre su hombro y cuello la asignaba automáticamente como de su pertenencia, por lo tanto, debió haber obedecido. Camila había actuado en su contra y él no podía estar más furioso por ello.
Aquello era