Parte XXXVI .- La hechicera blanca.
La carta aún temblaba entre mis dedos cuando por fin terminé de leerla.
No supe cuánto tiempo pasó. Solo recuerdo el vacío en el estómago, un hueco frío que se expandía como tinta en agua.
El zumbido sordo en los oídos, el leve crujido del papel cuando mis manos lo apretaron sin darme cuenta. La garganta cerrada, como si un nudo invisible me impidiera tragar el aire… o las lágrimas que se acumulaban pero no caían.
Lo que había leído… Probablemente… No. Seguramente. Esto era lo peor que había he