Capítulo — Alianzas de sangre
El silencio de la villa era irreal. Afuera, el viento agitaba los cipreses con un rumor grave, presagio de algo oscuro. Giulio no podía estar quieto. Caminaba por el despacho como un animal enjaulado, con el teléfono pegado al oído.
Nada.
Ni una señal.
Ni un mensaje.
—Contesta, maldita sea… —gruñó, apretando el aparato con fuerza.
La tercera llamada cayó directo al buzón de voz.
El vaso que tenía en la mano voló contra la pared, estallando en mil fragmentos. Los gu